Cuida tus Pensamientos porque se volverán Palabras.

Cuida tus Palabras porque se volverán Actos.

Cuida tus Actos porque se harán Costumbre.

Cuida tus Costumbres porque forjarán tu Carácter.

Cuida tu Carácter porque formará tu destino

Y tu Destino será tu vida...

_____________________________Mahatma Gandhi (1969-1948)
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19/2/10

EXCESOS



Foto gentileza de Antonio Aumente Rivas(playa de Benidorm)

Al salir a la calle, de pronto; he sentido los excesos del barrio en el que habitan las lujosas casas llenas de sirvientes y amos. Con las calles llenas de aceras rotas y entre roto y roto la vida tirada de alguien que aún siendo persona; se confunde con la caca dejada por los perros vestidos a la moda.

Excesivos coches aparcados con chofer vestido de uniforme gris oscuro. Excesivo ruido de motor de camiones sacando escombros de las obras entre el sonido del claxon de los coches inmovilizados. Unas piernas de mujer se abren paso hacia los grandes almacenes a golpe seco de sus tacones. En el semáforo hay una conversación acorde con el traje de Armani que visten; hablan de las pistas de ski en un pueblo de los Alpes italianos. La excesiva nieve caída que dificulta el paso de sus coches.

Esta es una ciudad llena de excesos. Por abajo hay demasiados pobres que sobreviven como pueden de los excesos de los de arriba. Los de arriba, esos políticos intocables; esos banqueros de cuello rígido y mirada dura; esos empresarios de altos vuelos que dejaron tirados en tierra los sueños de emigrantes, oficinistas y obreros; todos ellos en la cúspide de la ola, de los rasgacielos que tengan cuidado con sus excesos.
Hasta la justicia( la de andar por casa me refiero) también comete excesos con los despedidos sin fronteras y cuida de no herir sensibilidades a sindicatos excesivamente corruptos; a las ordenes del poder que más les pague.

La sociedad de los excesos publicitarios, de sexo remunerado in the happy hour de hotel de cuatro estrellas y pobreza ruin en caricias dentro del hogar; de violencia machista y revancha feminista; pero sobre todo excesiva superficialidad y prisa por consumir egoístamente cada uno su vida con algún amor excesivamente pequeño y grandes apariencias de felicidad... Todo esto se paga.

Cuando exprimes tan deprisa las naranjas de abajo; que las dejas sin sueños, sin ilusiones, sin nada que perder... Entonces puede suceder cualquier exceso inexplicable; como que las hormigas se junten y devoren los sueños, la tranquilidad, la seguridad, la paz... de los que viven tan arriba que no se dan cuenta de la cantidad de vidas que pisan con sus excesos cada día.

Hoy hace excesivo frío para sonreír. Incluso las palabras que se escriben buscando una sonrisa, se quedan en mueca sin saber por qué.

7/7/09

Pop-Purri



POPURRÍ


Mi cabeza está llena de ideas con varias cosas de la última semana, a la que se suman detalles de esta…

Os doy unas pinceladas del cuadro pasado; El lunes me levanté a base de Ibuprofeno 600 y voltarén en gel en mi parte baja de los riñones debido a una lumbalgia. En el trabajo parecía que tenía un grano en el mismísimo, ya que el dolor de la espalda me hacía levantarme cada media hora.


El martes médico; con resultado de baja y reposo total hasta nueva orden. Mientras me acomodo tumbado en el sofá recibo una llamada para decir mi madre que se encuentra muy débil debido a una diarrea. Como los peques suelen ir a comer con ella, organizo la comida en mi casa gracias ‘El palacio del pollo’ donde mandé a por un pollo y macarrones a mi descendencia.


El miércoles por fín duermo como dios hasta las tantas y viene a verme mi profe de yoga con una pequeña compra que la encargué. Me trae los vídeos de teatro para colgarlos en youtube (todo esto tumbado en sofá…) estudiamos aspectos a mejorar en futuras actuaciones de teatro. Me dedico a leer a Kapuscinski y su ‘Viaje con Herodoto’


El jueves me acuerdo que el martes tenía una entrevista en la escuela municipal de teatro… Entrevista sin la cual no hay tu tía. Llamo a San J Carlos amigo mío de toda la vida y me acerca hasta el lugar de la entrevista. Me atiende un señor muy amable que creo es el director y flipa en colores con mi estado (lo bueno de estar tan jodido es que no tenía ni nervios ni na, y la lectura dramatizada y voz salió mu bien).


El viernes cita con mi médica de cabecera. Me da el alta. Ante un finde con niños y calor sofocante acepto invitación de San J Carlos para ir a Campillo de Ranas donde tiene una precosa casa rural.


El sábado nos levantamos a las 11h he dormido con una colcha del fresquito que hace…Los chavales se dedican a estudiar un rato y jugar con la pelota. Nosotros a leer él ‘Las cenizas de Ángela’ y yo a ‘Herodoto’.


Por la tarde decidimos dar un paseo por el pueblo, donde se ha celebrado una boda gay. Han venido muchos coches, hasta un autocar; es el día del orgullo… Y este pueblo es famoso por tener bastantes parejas gays con el alcalde a la cabeza dedicándose a casarlos.
Me pongo un pantalón verde pistacho con bolsillos negros y un par de remiendos cuadrados negros al lado derecho que es súper cómodo y lo uso en ensayos de teatro.
Cuando nos cruzamos con las personas de la boda se me quedan mirando, sonríen comentan que así tenían que haber venido ellos a la boda. El novio va normal el otro vestido de mujer (más bien disfrazado de campanilla todo de verde) más miradas cómplices…

Yo casi me cabreo, por dar por supuesto que si uno lleva unos colores llamativos tiene que ser por pertenecer a algún colectivo ( me da igual el que sea…) y no porque cada uno decora su vida como quiere.

El domingo igual de tranquilo que el sábado, nos acercamos a Roblelacasa que estaban en fiestas y por el hecho de ir dos tíos juntos vuelta a mirarnos (‘mira estos son de la boda de ayer...’) mi amigo se parte de risa al verme mosqueado (iba con un pantalón corto de color caqui) me mosqueó el encasillamiento de la gente… Si hacen igual con todos sin cruzar palabra así nos va.

Para terminar sin cansar; lo del fulano ese que ha fichado el Madrid, lo de las carreras de motos, la muerte de Michael… ¡Hay vida más allá de tanta manipulación queridos politicastros!

En concreto me gustaría que se paseasen por algunos blogs (de los que todos conocemos) para que aprendiesen algo nuevo; igual hasta a pensar…

Bueno pensar…piensan, solo en sus intereses claro…!

Deciros que muchas veces disfruto más leyéndoos, que escribiendo. Y que dejar un comentario en vuestro blog se convierte en un artículo por sí mismo (muy placentero por cierto).

Pd.- Os recomiendo ‘Viajes con Herodoto’ mitad viaje en el tiempo hasta la Grecia del siglo VI antes de Cristo, mitad redescubrir la filosofía clásica que tan bien nos viene en estos tiempos de crisis…

19/9/08

Epílogo (La Ciudad Oscura)

7. – Los amigos

Debe ser cerca de las dos de la tarde, el aire huele a lluvia, el murmullo del agua corriendo me confirma mis sospechas. Estoy oyendo el motor de un camión acercarse, hay un ruido ensordecedor, me voy aproximando hacia él con precaución.
Otro hierro me sirve de bastón. Debo estar a veinte metros del ruido, sigo a tientas hacia el lugar de donde procede. ¡Arena, he tropezado con arena!
-¡Socorro, que alguien me ayude! – El camión ha descargado tanta arena que me ha tapado hasta las rodillas. Sigo gritando.

Trepo por la montaña de arena, se deshace bajo mis pies como arena movediza. Lo intento a cuatro patas pero me hundo.
Arriba oigo como revolucionan el motor del camión, se va. Hay una máquina que se mueve sin parar, oigo algo metálico chocando entre sí, parece la estructura de los andamios... Sí están desmontando los barrotes que sujetan el techo.

Estoy sentado en un montón de arena, el mismo que me salvó de escalabrarme la cabeza. Vuelvo a oír al perro ladrar, he perdido la barra de hierro con la que podía defenderme.
Cada vez le oigo más cerca, ha dejado de ladrar, mala señal.
Le hablaré en tono amigable, en el curso de perros guía nos contaron que ante un perro nervioso y agresivo había que hablarle con palabras de afecto.

-"Rufo tranquilo, no pasa nada, no tienes que tener miedo de mí. Soy un pobre ciego perdido en esta ciudad oscura llena de obras."- Le oigo acercarse, debe estar a diez metros, está gruñendo...
-" Ven Rufo, toma ven; ayúdame a salir anda. Perdona que te llame Rufo, pero no sé tu nombre..." – Está a tres metros y vuelve a ladrar, menos mal.
-"Ven hombre, no tengas miedo. Mira mis manos; ¿Ves?. No tengo nada que ocultarte" – Le muestro mis manos; con la palma hacia arriba, de pronto noto como una lengua lame las heridas que tengo.

"Gracias Rufo, buen chico, eres un perro muy listo. ¿Verdad?". Lo acaricio, tiene una cicatriz en la cara y otra en un costado. Al pasarle la mano noto la forma irregular, amorfa de las cicatrices; debieron de romperle alguna costilla.

-"¿Quién ha sido el cabrón que te ha hecho esto... ? ¡ Ya me enteraré"!- Me abrazo a él y lloro mientras me lame la cara, "eres muy cariñoso que debes ser un Boxer. Deja de lamer hombre, que me llenas de babas."- Parece que entiendes todo lo que le digo- (protesta ladrando). "Bueno, bueno, pues ladra todo lo que quieras."

-"¿Hay alguien ahí? ¿Jorge...?"- Alguien dice mi nombre, contesto con un grito.
-"¡Socorro! ¡Auxilio!" – Grito más, con todas mis fuerzas.

-"Tranquilo Jorge, ahora bajamos por usted, está aquí su amigo Fulgencio."
-" Fulgen, gracias a dios..."- Mi amigo de la adolescencia y compañero de trabajo.-

Me encuentro en mi casa, de baja por un esguince grave. El médico me ha dicho que reposo absoluto durante diez días. Mi madre se ha venido a cuidar de mí con sus setenta y nueve años.

Para ella sigo siendo un niño. Fulgen se acaba de ir, me ha traído el mejor regalo que podía esperar.
No estaré solo, mientras me recupero. Tengo conmigo al mejor amigo del hombre después de Fulgen, a Roky.

¡Roky, deja morder mi bastón, que ya te has cargado tres!

FIN

16/9/08

La Ciudad Oscura (4, 5 y 6)


4. – La becaria

Marta Salas tiene veintitrés años, la carrera de derecho y un master de post-grado. Después de apuntarse al paro, consiguió un contrato en prácticas en la ONCE, en la jefatura de ventas de libros para ciegos en Braille. Su trabajo consiste en aclarar las dudas de los clientes relativas a los pedidos; así como las reclamaciones surgidas por errores en entregas defectuosas.

Es la más joven de la oficina, las curvas de su cuerpo alegran el día. Morena con melena negra, cara redonda, una lluvia de dientes blancos en su sonrisa. Bajo el paraguas de sus largas pestañas brillan unos ojos negros. Los compañeros no dejaban pasar un día sin gastarle alguna broma. Cosa que ya empieza a cansarla.

Esa mañana, sonó su teléfono a las ocho y media, -demasiado pronto para un cliente- pensó. Le llamaba un tal Jorge Matamoros; diciendo que era un vendedor que se había caído en un foso en las obras de la calle Reina Victoria. Decidió que la llamada era una broma; sin pensarlo mucho cortó la conversación en cuanto pudo.

A la hora de comer bajó al Revilla de enfrente. Siempre encontraba a alguien con quien compartir la hora de la comida. El de hoy era un señor mayor: Fulgencio, de los más antiguos en la empresa, invidente.

Si no fuera por las gafas negras y el bastón nadie diría que es ciego. Se maneja por la oficina sin bastón y si surge algún problema, es la persona a quien se acude para resolverlo. Tiene un fino y agudo humor inglés.

En un momento de la conversación, Marta le relató la absurda llamada recibida por la mañana. Fulgencio corroboró que era una broma sin gracia y preguntó el nombre que había dado el interlocutor del teléfono. Cuando se lo repitió, Fulgencio dejó de comer.
-"¡Llama rápido a emergencias, Jorge Matamoros es un corrector de libros invidente que trabaja aquí desde los veinte años!"-

5. - Ana

En el centro de atención del 112, el lunes estaba siendo unos de los peores que se recuerdan. A las siete y media; una excavadora cortó unos cables de suministro de electricidad al alumbrado público de Cuatro Caminos, sembrando el pánico en el barrio. La lluvia terminó por complicar el día.

En la faraónica obra del túnel subterráneo; no se les ocurrió otra cosa que intentar arreglar por ellos mismos la avería en el suministro. Resultado: un muerto y seis heridos.
Curiosamente;el muerto; fue el último de los cuatro que al intentar rescatar al primer compañero electrocutado que manipulaba los cables cortados, se quedaron pegados unos a otros.
Los guantes de obra, son insuficientes para aislar 1000 voltios de tensión.

Ana llevaba toda la noche trabajando; su minusvalía de la cadera izquierda la hace andar con un vaivén nada sexi.
En sus horas libres estudia psicología, la especialidad trastornos infantiles. Le gustan los niños. Tiene uno propio, Héctor, de seis años. Su madre Laura se hace cargo de él cuando trabaja.
El padre de Héctor; para no tener responsabilidades, huyó a Barcelona cuando era un hermoso bebé.
Ana no encontró un hombre que la convenciese para compartir su vida y ser el Papá que merecía su hijo.

El tiempo corre en su contra, la minusvalía va a más. Dentro de poco; a sus treinta y siete años de edad, tendrá que usar bastón . Sus cuadros reflejan soledad; con paisajes de colores apagados, animales con caras tristes, que en obras anteriores mostraban colores vivos y felicidad.

A las diez de la mañana entró una llamada de socorro. Un invidente se había caído a un foso de las obras en Reina Victoria donde estaba antes la cadena Lord Winston. Luego se cortó la llamada.
La cabeza parecía que le iba a estallar, el dolor en sus entrañas era fruto del periodo. Tenía que tomar una decisión en medio del caos; mandar bomberos y ambulancia para allá o esperar; por si era una broma de algún desaprensivo.

6. – El Amor

Roky es un tipo muy juguetón, le gusta mucho pasear por los parques, juntarse con otros como él y echar carreras empujando a sus adversarios mientras corre. Con los de dos piernas ha tenido experiencias difíciles.
De cachorro, Lucía, una hermosa niña de siete años; se dedicaba a darle abrazos, él respondía con un lametón.

Fueron tiempos dichosos; el papá de Lucía acompañaba orgulloso a su hija al parque, con su cachorro de Pastor Alemán sujeto por una correa, de la mano de Lucía.

Las cosas cambiaron con el paso los años. A Rosa; la mamá de Lucía, nunca le gustó tener que limpiar los pelos de alguien de cuatro patas. Después de nueve meses y extraños comportamientos de Rosa, vio la luz Luis. La vida de Roky se hizo más dura; se olvidaron de sus paseos en el parque, solo cinco minutos en la calle para que hiciese sus necesidades.

Un día tropezó con la cuna de Luis. El bebé se puso a llorar y Roky metió el hocico entre los barrotes, para investigar que hacía tanto ruido. Cuando la mamá de Lucía llegó; se encontró a Luis sonriendo, mientras Roky le propinaba unos lametones de amor en su calva.

Terminó su infancia abandonado en un solar en el que se construirían unas viviendas, una pesadilla que no podía imaginar. No entendía por qué le habían dejado tanto tiempo vagar a sus anchas, pasado un buen rato se dio cuenta de que estaba solo.

El hambre hizo que saliese a buscar algo que comer; tuvo suerte, encontró comida gracias a la gente que tira las bolsas de basura en la calle.
Lloró su soledad, no comprendía el motivo para ser abandonado de esa forma. Volvió al descampado y encontró un sitio para dormir, entre los escombros del edificio derruido. Pasaron las horas, pasaron los días y no hubo milagro. Unos gamberros le molieron a palos e intentaron quemarlo vivo.

Un par de vigilantes jurados le salvaron de la muerte. Se encararon con los cuatro gitanos que estaban a punto de rociarlo con gasolina. Le llevaron a una clínica veterinaria donde curaron y vendaron las heridas de su cuerpo. Las del alma; las tiene abiertas y tardaran mucho en cicatrizar.

Alberto se encargó de cuidarlo con cariño, pidió permiso a su jefe para usarlo como medida de persuasión ante los ladrones de obras. Su jefe aceptó la propuesta. Roky entendió su papel de perro guardián, volvió a sentirse querido y apreciado por alguien.

Ni siquiera el propio Alberto puede controlar su rabia ante cualquier animal de dos piernas con un palo, bastón o similar. Ver a alguien así, le recordaba a los cuatro salvajes que intentaron quemarlo.
El miedo le vuelve un perro peligroso; se le acelera el corazón, la adrenalina le hace saltar y morder hasta la muerte sobre quien lleve algo parecido a un palo.

Eso ocurrió este lunes. El intruso; que se coló en la obra, salvó de momento la vida. Gracias a que Alberto deja atado a Roky con una cuerda; junto a una caseta de vigilancia, la que usa para dormir por la noche.

El intruso anda a tientas con una barra de hierro; Roky ha dejado de ladrar para morder la cuerda. Le queda muy poco para romperla…

12/9/08

La Ciudad Oscura ( 2 y 3)

2. - La obra

En la obra todos trabajan como autómatas programados, desde el peón de obra hasta el jefe de obra. El trabajo es duro de verdad; las mañanas de otoño en Madrid son frías, el medio día sofocante al Sol.
Después del último accidente en que murió un obrero al ser aplastado por una excavadora, todos cumplen las normas de seguridad e higiene en el trabajo escrupulosamente.
Como si eso pudiera devolver la vida a Eladio. Las normas de seguridad no hacen mención alguna a los contratos basura, a jornadas de diez horas, al destajo...
Da igual; dentro de un mes Eladio pasará a la gran lista de los muertos olvidados y su familia; si el empresario no era muy sinvergüenza, cobrará una pensión.

Hoy todos llevan casco, chaleco reflectante, protectores de ruidos en las orejas. Han levantado un esqueleto de ocho plantas en las que se alojarán los clientes del hotel "Jardín Metropolitano".
Por debajo de la planta baja esta el garaje. No han limpiado los escombros y se utiliza como almacén de materiales; los camiones no paran de descargar sacos de cemento, ladrillos, arena.
La jornada de trabajo esta organizada en turnos de doce horas, de tal forma que solo se para de trabajar a las ocho de la tarde. Cuando el encargado no está presente, siempre se van un poco más pronto.

3. - Gusto

La mujer rubia y melena recogida; que lleva el mar mediterraneo en sus ojos con ojeras, la pasión pintada en sus labios granate, con perfume chanel número cinco y vestido rojo con escote, camina deprisa.
En una mano lleva un informe con los objetivos del próximo mes. En la otra un maletín, a su lado un hombre joven con traje gris la escucha con cara de preocupación.
De vez en cuando los ojos del hombre se pierden en el escote de la mujer. Las curvas de su cuerpo, juegan a su favor frente a los hombres. Ella lo sabe.
Por la mañana tropezó con un ciego, casi le da en la entrepierna con su maletín. En el choque; el maletín del ciego cayó al suelo y cuando se agachó a recogerlo, la mano izquierda del ciego que buscaba también el maletín, se metió por su escote.
Se excusaron mutuamente, el ciego parecía feliz de haber palpado su cuerpo en el lance, a ella le pareció que sus manos eran suaves y firmes a la vez. Su perfume Armani. Su tono de voz, demostraba tener controlada la situación en todo momento. Ella perdió la seguridad que le daban sus armas de mujer.
La forma de hablar del invidente le gustó. Respiraba pausadamente antes de hablar. Regalaba las palabras; hizo un comentario ocurrente: - "Encantado de haberme tropezado con usted, cuando desee repetimos la experiencia"- Ella se excusó con el informe de ventas que leía en la calle, con prisa por llegar tarde a una cita.
Deseaba alargar el encuentro, hacía muchos días que alguien no le llamaba la atención, nunca se imaginó que los ciegos fuesen tan seductores.
El joven de traje gris le recordó la reunión. Le miró con desprecio; era un economista mas, de los muchos a sus órdenes. Todos con sus masters del IEES, idiomas y mucha envidia de que una mujer rozando la cuarentena fuese la directora del departamento de Auditoría Interna de la empresa.
Se despidió con un beso en la cara, con su cuerpo rozando el de él.

El olor de Armani mezclado con su piel le acompañó en sus fantasías.

La Ciudad Oscura ( continua...)

A tientas, rebusco por la arena mi maletín, ahí llevo el móvil. He tardado media hora en dar con él. Lo abro con ansiedad.
¿A quién llamar?. A casa de mi madre; ¡No debo!. Le daría un susto, se pondría nerviosa. Llamaré a la oficina central, que avisen a los servicios de urgencias para que busquen en la primera obra de la call... ¡Me cago en la leche!- No encuentro el móvil en el maletín. Tenía que haber comprado uno nuevo hace tiempo...
Vuelvo a revolcarme por la arena en busca del teléfono móvil. Mientras, una sirena, es la del colegio de la manzana de atrás; son las ocho. Todos los días suena a la misma hora. No consigo dar con él, me pongo de pie. –"¡Aaaahh!"- el dolor de mi pie izquierdo es como tener un puercoespín en el zapato.
Doy tres pasos. Grito pidiendo ayuda... Bajo mis pies, noto el suelo irregular, es cemento sin alisar, lleno de pegotes. Ando tres pasos a tientas; con los brazos al frente, intento localizar posibles obstáculos. Huele a cemento. El suelo está húmedo.
Tropiezo con algo que se mueve y suena metálico. Me agacho a cogerlo, es una barra de hierro, del forjado para las columnas. Doy diez pasos, la barra de hierro es fina y pesada, pero como bastón vale.
Oigo mi móvil; retrocedo sobre mis pasos. Suena un ruido atronador es de la taladradora de arriba. Ando para atrás, como un cangrejo, llego al montón de arena. Con atención, intento localizar la señal, está muy cerca...
Ha dejado de sonar, sé donde puede estar... ¡Gracias a dios lo encontré! Me dejo caer sentado en la arena, a tientas marco el número de la oficina central.
"Jefatura de ventas, al habla Marta, extensión catorce, diez y ocho. ¿En qué puedo servirle?".
"Hola, soy Jorge vendedor de la Av. Pablo Iglesias, me he caído al pasar por una obra, creo que son los cimientos. Es la primera que te encuentras según bajas desde Cuatro caminos por la derecha..."
"¡Oye, oye; tengo mucho trabajo que hacer, para perder el tiempo con los graciosos como tú!".
"¡No es ninguna broma joder!. Pregunta por ahí seguro que hay alguien que conoce a Jorge Matamoros..."
"¿Matamoros? ¡Anda si eres el calvo que sale por la tele...! ¡Pues tienes un rollo muy malo por teléfono, cámbialo o no te vas a comer ni una rosca!".- Cuelga el teléfono enfadada.
"¡No cortes por favor...! ¡ Jilipollas de novata...!"-
"¡ AAAAhhhhggg!"- No puedo creer lo que me está pasando!. Voy a llamar al 091 a ver si doy con alguien más capacitado. -"091 en este momento todos nuestros agentes se encuentran ocupados, por favor permanezca a la escucha..."
"¡Me cago en dios y en todos los santos del cielo!"-
En ese momento sonó un pitido del móvil; el que avisa antes de que se quede sin batería.
Envidio a la gente que cree en Dios. Siempre lo tienes a mano cuando estás en situaciones como la mía. Lástima que haya perdido la fe en Él y en todo… No me queda más remedio que coger mi bastón de hierro y esperar a que la suerte se acuerde de mí.
Media hora andando a tientas; está lleno de escombros que hay que sortear. No oigo otra cosa que los motores de las excavadoras y una especie de sierra que corta algo.
-El tobillo lo noto hinchado, pero la adrenalina de mi cuerpo hace su trabajo y puedo soportar el dolor. -bien.
Ando con ayuda del bastón de hierro, me ha hecho una herida en la palma de la mano con alguna rebaba. El móvil lo llevo apagado, espero que se cargue para hacer una última llamada al 112.

-Desde hace un buen rato, oigo algo distinto a lo lejos; son ladridos de un perro. Con tanto ruido, no podía distinguirlos. Debe estar atado. Si no ya hubiese venido hasta donde estoy; por la forma de ladrar parece un perro de presa, tiene un tono grave, debe ser grande.
Tuve varios perros. La última una preciosa pastor alemán, Dory; se murió hace dos años de vieja. Lo pasé tan mal que no he vuelto a querer tener más.
-Tropiezo con una escalera de madera tirada en el suelo, tiene trece escalones y debe de tener como tres metros de largo.
Con el bastón toco el techo, tendrá… menos de tres metros. Voy a llevar la escalera hasta donde esté la montaña de arena para intentar subir al nivel de donde me caí. El perro ha dejado de ladrar, no sé si es buena señal.
He dejado el bastón de hierro en el suelo, la escalera pesa como un muerto, la arrastro con las dos manos. Piso trozos de ladrillo y de cemento suelto por todas partes. Ando de espaldas muy despacio.
Me oriento con las piedras que metí en el bolsillo. Las tiro al suelo; si al caer suena a cemento no hay problema. Si no, me detengo para ponerme en cuclillas y con las manos lentamente descifrar que hay.

Estoy agotado, tengo sed y hambre; debo de llevar dos horas tirando de la escalera y no encuentro la montaña de arena. Enciendo el móvil. Parece que se ha recargado un poco. Marco el 112:
"Uno, uno, dos, ¿En qué puedo ayudarle?"- Oigo una voz femenina joven al otro lado.
"¡Esto no es ninguna broma, soy invidente!. Me he caído en una obra de la calle Reina Victoria donde estaba la cadena Lord Winston."
"¿Cómo sé encuentr...?"- Se acabó la jodida batería...
¿ Se habrá enterado donde estoy?
En algún momento, pararán de trabajar y cuando reine el silencio; gritaré hasta que alguien me conteste...

11/9/08

La Ciudad Oscura

No es más feliz quien no tiene problemas; si no aquel, que es capaz de resolverlos.

1. – El tacto

No ha amanecido. El tiempo ha cambiado; hace frío, las hojas de los árboles se amontonan por las aceras y los parques formando un tapiz de estrellas de cinco puntas verdes y marrones.
La ciudad despierta contaminada con el ritmo de las máquinas y camiones de las obras, con el claxon de coches rompiendo la paz de la madrugada. Una tortura de insufribles cacofonías.
A mí alrededor oigo conversaciones, pasos de gente con prisas, ellas con tacones, ellos con zapatos de suela de cuero.
Comienza a chispear, el cielo llora en septiembre. El alumbrado público no funciona, -"Es por culpa de las obras"- dice un hombre. Una mujer está hablando por el móvil, mientras cruza un semáforo, se excusa ante el jefe diciendo que el metro iba mal.

Es mentira; iba como siempre, atestado de gente; sin educación, sin asear, sin dinero. Sin ver; sin escuchar; sin saborear esta vida basura... Sin piel; para no sentir.

He tropezado con una mujer, su maletín casi me da en la entrepierna. Iba hablando con un joven de los objetivos de ventas para el mes de octubre (por lo visto muy complicados), lo escuché antes de chocar. Su voz sonó como un frufrú * entre el caos.

Corta el aire el silbato de un municipal, deteniendo el paso a coches y peatones. La gente murmura; - "Es un escape de gas, los bomberos están trabajando desde hace horas."
-"¡Una superficie de una hectárea y media; ocho alturas, sin contar los dos sótanos de garaje, más de tres mil columnas, treinta camiones entrando y saliendo al día, toda la maquinaria de dentro, no me puede exigir responsabilidad porque un camión cargado de arena se haya metido a descargar en un suelo sin fraguar y haya abierto un boquete...!"
-"Sé exactamente la superficie a construir sin contar las piscinas y espacios verdes. Tú deberías saber que tenemos que terminar antes de Navidad las fachadas que dan a la calle Reina Victoria y a la paralela, Doctor Santero. Tienes tus ayudantes que para algo están; se paga por cumplir fechas de entrega..."-
-"Las prisas acaban en accidente, ya lo sabe. La jornada la hemos alargado hasta las ocho de la tarde. Los hombres no son máquinas que trabajan sin parar."
-"Me da igual como lo hagas¡ Antes de Navidad: las fachadas! Si no, ya buscaré otra solución... Me tengo que ir, ya puedes despabilar a tus hombres para que arreglen el socavón del garaje".

Una sirena, parece de los bomberos. Se alejan. Otro pitido del municipal, está dando paso a la gente; nos ponemos en marcha otra vez. Me pego a la pared, esperando a que se despeje de gente, me voy a tomar un café.
Salgo del bar, vuelve el ruido del tráfico y de las obras; hay un camión con el motor a relentí, una máquina está descargando mercancía y otra parece limpiar el asfalto con agua.

-¡Mierda, me he metido en un charco!- Me he descuidado pensando; otra vez, en la mujer del Chanel número cinco... Despacio sigo mi camino pensando en mi pantalón.

Oigo un ruido insoportable, es una moto que viene por la acera; está muy cerca, se echa encima... -¡Joder tengo que salir de aquí!- Caigo en la obra. El imbécil de la moto se aleja sin molestarse en parar y preguntar que tal estoy.
Se mete un camión marcha atrás; sus gases me están atufando¡ No me ve! Sin pensarlo, doy un paso atrás. ¡Bajo mis pies no hay suelo! Caigo de espaldas... He tenido suerte, la montaña de arena amortigua el golpe.
¡Me hundo en arena, busco a tientas, no encuentro nada! Consigo salir y ponerme en pie, siento un dolor agudo en el tobillo. Creo que me he hecho un esguince.

-¡Socorro, hay alguien ahí!- El ruido de las máquinas impide que mis gritos se oigan allá arriba, Vuelvo a intentarlo. - ¡Socorro, ayuda!- Nadie me oye, la garganta me duele de gritar...
..
Frufrú. onomat. U. para imitar el ruido que produce el roce de la seda o de otra tela semejante.

31/7/08

Un escrito con sonrisa... y recuerdos de los 70'

A veces...
Antonio Rodríguez Menéndez

A Herminia, que siempre me trae ventanas abiertas

¡Mis padres follaban! Reconocerlo era un fastidio, pero Isidro llevaba razón. “Los padres, a veces, follan”, aseguraba Isidro mientras se detenía, después de “a veces”, para darle una chupada al cigarro de los recreos, cosa que a todos nos asombraba porque estaba prohibidísimo. Y él fumaba como un inglés, es decir, sin prisa, con gusto, como si estuviera cumpliendo una misión esencial y supiera muy bien lo que se traía entre manos. Isidro era así. Siempre hablaba ex cátedra. Lo sabía todo. Nos podía a todos. Y nosotros le mirábamos como tontos mientras él quitaba la ceniza del cigarrillo con el dedo meñique, que tenía la uña más larga que las de los otros dedos, y que, a veces, se lo metía en la nariz, y eso no era hurgársela, sino una delicadísima operación de cirujano. Isidro inventó las operaciones de nariz. ¡Y yo que siempre deseé, con toda mi alma, partirle la suya, y más cuando me dijo que mis padres también lo hacían y me explicó al detalle cómo! No se la partí porque Isidro era mayor que yo. ¡En todo! Y, además, se cascaba pajas y había quedado conmigo para explicarme cómo me las tenía que hacer. Yo estaba seguro de que ningún otro de clase se las hacía como Isidro. Él sabía. De todo. Y yo era un ignorante.
Me molestaba mucho que Isidro siempre se saliera con la suya, bien por su fuerza o bien por sus razones, pero la cosa es que yo estaba allí, en el pasillo de mi casa, con la oreja pegada a la puerta de la habitación de mis padres. Estoy seguro de que ellos creían que yo estaba jugando con mis amigos y que no volvería hasta un buen rato más tarde, pero me enfadé con Isidro precisamente porque me dijo que mis padres follaban “como todos, aunque no mucho, como todos”, y que, además, era muy difícil pillarlos. Él lo consiguió, pero es que él era Isidro. Yo le dije que era mentira, que mis padres no hacían eso. Él me amenazó con el puño y, una vez más, me llamó mocoso e ignorante. Fue mucho peor. Me dijo: “Pobre mocoso. A veces, eres tan ignorante...” Para no llorar delante de él, me marché dejando a Isidro entre risas y chupadas al cigarro. Me marché a mi casa.
La puerta de la calle estaba abierta y entré. Oía gritos de mi madre en su habitación y me puse nervioso, muy nervioso. Al pasar por la cocina cogí un cuchillo, pero luego lo dejé porque una vez me dijo Isidro que si matabas a alguien con un cuchillo te podían meter en la cárcel, pero que si era con unas tijeras, podías decir que había sido en defensa propia, “porque las tijeras son menos agresivas”, decía Isidro. El hecho es que cogí unas tijeras enormes, de pescado, y me acerqué a la puerta de aquella habitación.
Mi madre se quejaba y se reía a la vez. No comprendía nada, y ya no sabía si irrumpir en la habitación con las tijeras o quedarme allí escuchando, cosa que estaba mal. “Isidro lo haría”, me dije. Pero de pronto ya no se oía nada. Durante un rato hubo silencio, pero un silencio con pequeños ruidos. Al poco supe que mi madre estaba con mi padre en la cama. Era mi padre, sin duda. Pero reía. Me alegré de ello y me sentí incómodo con aquellas tijeras de pescado. Me descalcé y las iba a dejar en la cocina cuando noté muy claramente que sonaba como si estuvieran saltando encima de la cama. Yo a veces lo hacía. Pero nunca había imaginado que los adultos lo pudieran hacer. Me dije que a lo mejor eran como nosotros, pero que lo ocultaban para educarnos bien.
Dejé las tijeras en su cajón. Estaba solo en la cocina cuando comenzaron a decirse los nombres. “Alicia, Alicia, Alicia...”. Y ella: “Alberto, Alberto, Alberto...”. Ahora me río, pero en aquel momento me estremecí y me sentí muy solo. Fue la primera vez que me sentía solo en el mundo. Desamparado. Mi respiración, desasosegada, estaba reconociendo lo que hasta entonces le había negado a Isidro: que mis padres follaban. Así nacíamos todos. De esa manera tan... grotesca.
Nunca le he dicho a ninguno de los dos que fui testigo de sus deseos.
Se preguntaban el uno al otro: “¿Así, así, así...?” y el otro contestaba “¡Así, así, así...!”
No discutían como casi siempre en la cocina a la hora del desayuno, o cuando mi padre se encerraba con el periódico en el baño, o cuando yo entregaba mis suspensos... No, era distinto. Otra cosa. Me gustó oírlos disfrutar, pero tuve que admitir que Isidro llevaba razón, y eso condicionaba mi vida.
Escuché a mi padre decir: “¡Cómo me gusta follarte!”, y a mi madre: “¡Y a mí que me folles!” Y eso no me gustó. Pero comprendí lo que significaba aquel “a veces” de Isidro cuando mi padre preguntó: “¿Y por qué entonces lo hacemos sólo a veces?” Y aquel “a veces” me ha acompañado siempre, hasta ahora, en todas las facetas de la vida, como si el acto que la origina se me anunciara con dos palabras eternas que sirven para todo.
Hoy, no sé cuantísimos años después, he visto a Isidro en un hipermercado. Le oí un “A veces... vengo por aquí.” Iba con su hija. Me ha invitado a su casa y he conocido a su mujer y a su hijo. Es igual que su padre de pequeño. Isidro me ha contado que fue brigada en el ejército y que ahora trabaja en una población cercana a la que se desplaza en moto. Es un perfecto padre de familia, una persona de orden. Ya no fuma. La uña del meñique la tiene cortada. Y el suelo de su casa tiene un brillo inverosímil. Cuando, después de mostrarme fotografías de su moto, nos hemos quedado solos, ha habido un silencio. Nos hemos mirado como dos pájaros.
Al día siguiente de descubrir lo que mis padres hacían, la maestra me pidió que tomara ejemplo de Isidro que “se sabe como nadie el tema de la reproducción de los mamíferos.” Yo lo miré muy fijamente, como a veces había visto hacer a los adultos, me acerqué a su pupitre con la lentitud y el peso de un león, y con mi puño izquierdo (soy zurdo) y todas mis fuerzas, le golpeé en la nariz y se la dejé sin arreglo alguno.
Fui expulsado del colegio un mes.
Hoy Isidro, tocándose la nariz, me ha preguntado, desde el silencio y la mirada de quien verdaderamente no entiende, por qué le golpeé una vez y luego cuatro veces más, mientras le decía: “¿Así? ¡Así, así, así, así!”
“A veces...”, he comenzado a responderle. Pero me he levantado, le he pellizcado la nariz y me he ido.
Ya en la calle he encendido un cigarrillo y he fumado como un inglés.

"No es necesario apresurarse. No es necesario brillar.
No es necesario ser nadie más que uno mismo"

Virginia Woolf (Londres 1882-1941) Novelista y Ensayista británica

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