para mentes pensantes.
- En el cielo esté.Y gracias por haber permitido este encuentro –lo dijo mirando a las alturas-. Pero si algo tienen los entierros es que te hacen sentir más vivo como defensa. Ahora tú y yo podemos desaparecer y pasar el resto del día recordando batallitas, riendo, llorando, poniéndonos tiernos, discutiendo como entonces. Cosas así.
- Eres increíble.
- ¿Te espera alguien en casa?
- No
- A mi tampoco.
- Ya pero…
- Lourdes, estamos donde empezamos, o donde lo dejamos. Ya no va a ser peor, ni tal vez mejor. Pero quizás nos lo debamos.
- Eso era lo que más miedo me daba de ti – advirtió ella -. Tenías siempre tanta prisa por todo, tanta urgencia, como si el mundo fuese a atraparte y devorarte…
- El mundo no sé, pero la vida sí te atrapa y te devora y te digiere y luego te expulsa por el ano del olvido.
- Qué bruto eres.
- Pragmático. La vida es una amante, una puta por la que pagas quieras o no.
- Pero no se puede correr más que ella.
- Ya lo sé. Ni vale la pena. Pero hay otras formas de sentirse vivo. Por eso yo me echaba a la piscina sin mirar si había agua.
- Yo primero ponía un pie, y luego otro, y me pasaba una hora diciendo que el agua estaba fría.
- Tienes toda la tarde para poner el pie en la piscina del futuro.
- Dios… estás loco –susurró Lourdes con nostalgia.
- Comemos, charlamos, vamos a pasear, o al cine, o hacer un recorrido turístico, una peregrinación por nuestros lugares sagrados, y después cenamos y seguimos charlando y …
- Anastasio, no hace ni diez minutos que nos hemos reencontrado – suspiró ella abrumada.
- ¿Quieres que te diga algo? No voy a dejarte marchar.
...........................Esta vez no.
- ¡Jesús!
- Y mañana te propondré que nos vayamos a Londres a pasar el fin de semana. ¿Has visto El fantasma de la Ópera? Te encantará. Esa música te hace migas el alma.
- ¡Anastasio, que yo no...!
- Lourdes, ¿Quieres callarte?
……………….Se calló. Ya no dijo nada. Él la había tomado del brazo. La empujaba hacia la puerta de la calle a través del jardín. La piscina quedó atrás. Nadie los miró. Otro llanto ahogado flotó hacia ellos proveniente de la casa. Eso hizo que la arrastrase aún más, escapando de allí, y que ella misma cediera empezando a volar entre sus zapatos.
- Lucía el sol.
- Anastasio - tomó aliento al llegar a la calle.
- ¿Sí Lourdes?
………………..Cincuenta arrugas más. Los mismos ojos. Unos años más. La misma edad en el corazón. Una vida consumida. La misma esperanza. Un pasado. Un futuro.
Extraño.
- No nada – se rindió
- Bien – se le iluminó el rostro con una amplia sonrisa -.Vamos
………………...Salieron a la calle.
Nadie reparó en ellos cuando le dieron la espalda al mundo y se quedaron solos.
Ni falta que hacía.
Fragmento de 'Diálogos' de Jordi Sierra i Fabra


